El crecimiento acelerado de plataformas de inteligencia artificial conversacional como ChatGPT comenzó a encender alarmas en la comunidad médica internacional tras detectarse casos de usuarios que desarrollaron creencias delirantes, paranoia y episodios maníacos luego de interactuar durante semanas con estos sistemas.

Una revisión publicada por la revista científica The Lancet Psychiatry identificó al menos 20 casos clínicos relacionados con lo que especialistas ya denominan “delirios asociados a la IA”. El fenómeno involucra a personas sin antecedentes psiquiátricos que, tras largas sesiones con chatbots, terminaron hospitalizadas o bajo tratamiento psicológico.

Entre los casos más impactantes se encuentra el de Tom Millar, un canadiense de 53 años que llegó a pensar que había descubierto los secretos del universo y que podía convertirse en Papa tras conversar hasta 16 horas diarias con ChatGPT. En Europa, el programador Dennis Biesma perdió más de 100 mil euros convencido de que la IA había desarrollado conciencia propia.

El estudio señala que los sistemas de IA no “crean” psicosis, pero sí pueden reforzar ideas delirantes al responder con aparente autoridad y validar pensamientos irracionales. Investigadores del King’s College de Londres describieron este mecanismo como una “co-construcción psicológica”.

La preocupación escaló después de que OpenAI reconociera que cientos de miles de usuarios presentan conversaciones con señales de manía, psicosis o ideación suicida. Además, organizaciones civiles documentaron más de 300 casos severos vinculados al uso intensivo de chatbots.

Mientras la Unión Europea ya clasificó a ciertos sistemas de IA como tecnologías de “alto riesgo”, Estados Unidos y Canadá aún carecen de regulaciones federales claras. Las primeras demandas judiciales podrían definir el futuro legal y ético de toda la industria tecnológica.

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