Bien recomienda el refranero no prometer en los momentos de felicidad ni decidir en los de enojo.

Hace 26 años se hacía la promesa más dadivosa (y, por ende, más incumplible) en la historia del futbol mexicano. Borracho de euforia con la primera corona en la historia de sus Tecos de la Universidad Autónoma de Guadalajara, Juan José Leaño exclamaba su intención de firmar a Víctor Manuel Vucetich por veinte años, contrato que apenas hubiera expirado en el verano de 2014.

Ya desde entonces era evidente la madera del técnico tamaulipeco. Su ascenso con Potros Neza (en el que surgieron nombres como Luis Miguel Salvador, Félix Fernández, el profe Cruz, Beto Andrade, Memo Cantú), seguido por el título ya en primera con un gran León (ahí jugaba el inolvidable Tita) y luego con Tecos, permitían entrever sus dotes.

Sin embargo, once escasos meses después de la oferta de los veinte años, Tecos perdió al inicio de la liguilla y Víctor Manuel dejó el proyecto; acaso para disimular tan súbito cambio de opinión, Leaño insistió en promoverlo para que tomara la selección que en 1995 pasaba momentos difíciles con Miguel Mejía Barón –algo que ya había hecho desde antes del Mundial de Estados Unidos.

Lo de Vuce con el Tri demoraría hasta la grave crisis de fines de 2013 rumbo al Mundial en Brasil y se rebosaría en un caldo de absurdo. Ahí sólo dirigiría la agónica victoria sobre Panamá con chilena de Raúl Jiménez y la caída en Costa Rica de la que nos salvó el estadounidense Graham Suzy. Nada más. El Rey Midas del futbol mexicano, ese hombre que genera confianza y legitimidad en donde se para, sería muy maltratado por la selección.

Par de historias, la de la promesa de los veinte años y la de la gestión tricolor de un mes, que sirven como resumen de la ingratitud de ese puesto. Lo mismo podría decirse de Luis Fernando Tena que en pleno aniversario del mayor éxito en la historia de nuestro futbol, su oro olímpico, ha sido echado de un puesto que ni siquiera pudo desempeñar. Entre muy relevantes bajas por covid-19, incluida la suya, se le sentenció por lo hecho con parches y en sólo tres jornadas… o, más bien, ya estaba sentenciado de antemano y era cuestión de encontrar algún pretexto para formalizarlo.

La eterna pregunta es sobre el nivel de impacto que tiene un entrenador en el desempeño de su once. Grandes estrategas insisten que no es más que el diez o acaso veinte por ciento, lo que refuta la eterna necesidad directiva de ir por la vida destituyendo. Por vueltas que le demos, regresaremos a la frase de Eduardo Galeano sobre los técnicos, aplicable al Vucetich cuyos veinte años se convirtieron en uno o al Flaco Tena echado sin siquiera trabajar a plenitud: “los dirigentes y la hinchada no sólo le exigen la genialidad de Einstein y la sutileza de Freud, sino también la capacidad milagrera de la Virgen de Lourdes y el aguante de Gandhi”.

Visto así, no está tan fácil…

 

Twitter/albertolati